Después de 12 horas exactas de trabajo, uno tiene la cabeza en ebullición, y ya no sabe si escribe, habla o simplemente piensa. A veces los días son así, que empiezan y cuando te das cuenta han agostado el día en una eternidad de momentos. Hoy ha sido un poco así, intenso, rápido, bajo ese calor que me marca como al ganado con las mil marcas de cada camiseta.
Tras las vacaciones, la vuelta al cole, al tiempo que los escolares también aquí en el oriente, he llevado un ritmo difuso. Mi mente se despitaba en vericuetos ajenos a lo que mis manos sabían que debía hacer. Y es complicado en estos días, en los que se agolpan viajes, visitas, quehaceres acumulados que pueblan mi mesa de papeles.
Hoy, al menos, este día agitado me ha permitido recuperar el ritmo, alejar mi mente de esquinas en sombra, y dejarla por completo al albur del trabajo. Así es un poco más fácil no notar las distancias, ni las preocupaciones, ni esa sensación de estar en el sitio adecuado pero en un momento erróneo, porque la vida a veces exige estar en otro lugar.
Pero, bueno, quizá necesitaba este salto de actividad, que recuperara mis defensas, esas que a veces se despitan y no saben ponerse al orden.
Mañana ya es viernes, aunque el día empezará temprano, a las 7, y promete durar hasta la noche. Benditas vacaciones de playa y coco-loco, de esas en las que no piensas más que en el efecto invernadero de tu propio sudor bajo la sombrilla.
Comiendo chorizo español dejado en prenda por Rubén, me doy cuenta, sin embargo, de lo afortunada que soy por vivir todo esto. Incluso con sus angustias, los momentos en que uno puede recomponer el día, es capaz de sentirse vivo.
Me quedo algunas historias en la recámara, que hoy mi mente no es capaz de darles formas... Mañana...
Aunque nos escribas menos sigue siendo igual de interesante e intenso... se te echa de menos, q lo sepas...jeje
ResponderEliminarbesos
Tatiana