Qué difícil y cansado es ese maravilloso mundo de las reuniones. Dícese de aquella conjunción de factores, personas y discursos por las que habitualmente un bla,bla,bla se mezclña y agita con un bluff, y un tralarí y desemboca en océanos de uyuyuyuyuyuyu. Resultado: nervios nerviosos e infinidad de palabras, palabras, palabras. Es cansado y para iracundos como la que suscribe, algo frustrante. Hay un momento en que notas como sube por la garganta un especie de grito contenido que estrangulas para convertirlo en un alza la mano y procura hablar porquesinolodigorreviento.
Hoy he tenido una buena dosis de todo esto, y un resultado cansado, muy cansado, que me tiene aún a estas horas escribiendo para descargar.
Lo peor, que el viernes tengo otra reunión, a las 9 de la mañana, y a mi pobre Javi le voy a tener que dejar plácidamente dormido mientras yo recorro la ciudad de las cuestas inmensas y los embragues quemados (NOTA: para intrépidos que deseen conducir algun vez en su vida por esta ciudad, acostumbrense a un pie de hierro que sea capaz de salvar el obstáculo indescriptible de esos sémaforos en medio de cuestas sin fin. Los taxistas, como suele ocurrir, configuran un desafío a la gravedad constante.)
Mañana curso, que también, para rematar la jugada, he tenido el encuentro en la tercera fase y después un taller de tres horas. Interesante, sin duda, pero agotador para mis neuronas adormecidas y sin práctica. Además, qué tan raro es estar aquí, entre polución y encorbatados. Echo de menos la bachata de LA...
En cualquier caso, no voy a quejarme, que al final es lo que me pide el cuerpo: cuanto más, mejor. Seré agonías? Yo que debía haberme dedicado al contemplativo mundo de cultivar mis neuronas...
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