lunes, 1 de junio de 2009

Sonia es nombre de pozo

Marianne tiene un mechero que se ve a lo lejos, en medio del verdor intenso contra el cielo de un azul que pronto será gris. Destaca a lo lejos, se esconde. Pero enseguida vemos el cartel que nos indica el camino de entrada. Como todos los pozos petrolíferos por esta zona, tiene nombre de mujer. También hay un Sonia A, que nos indica, en el kilómetro 59 de la carretera entre LA y Puerto El Carmen, que debe haber un B, y quizá un C, como si de replicantes de una misma se tratase.

Esta carretera, que será mejor, pero por el momento a mi me revuelve el estómago, cubre algo más de cien kilómetros, que a mise me hacen eternos entre tramos asfaltados y otros de cantos, o puro lodo rojo arrancado a las veredas. Con ella se llega a la entrada del Cuyabeno, la mayor y más interesante reserva natural de esta región, hermosa y devastada a la vez.

Vamos al cantón del Putumayo, que linda con la provincia del mismo nombre en Colombia. Ambas tierras, que son una, que se simultanean en personas y problemas, están ensambladas por el río de ese nombre, inmenso, caudaloso, de atardeceres imposibles entre malvas, verdes, y aguas de colores imposibles.

El destino es Puerto El Carmen, cabeza del cantón, para aprovechar una capacitación de Cruz Roja y el Ministerio de Salud Pública a los Agentes Comunitarios de Salud. Se trata de una iniciativa que pretende cubrir los inmensos vacíos de los servicios sanitarios, creando puentes con las comunidades del río. Así, los Agentes Comunitarios se convierten, como miembros de la comunidad, en garantes de la transmisión de unos mínimos conocimientos sobre salud alimentaria, detección de enfermedades y tratamiento de dolencias menores. Y ello cuando la falta de un transporte fluvial público, y las dificultades de acceso a la gasolina, la sangre de esta tierra, imposibilitan una asistencia adecuada.

Puerto El Carmen es una metrópoli si lo comparamos con muchas de estas comunidades, aunque apenas cubre varias cuadras y menos calles. El río lo hace parecer tranquilo, a pesar de las motos, perros indescriptibles, y el sonido atronador de karaokes y billares.

Dormimos en el Camelot. Es un hotel, una novedad en comparación con las pequeñas comunidades donde se usan las carpas colocadas en las escuelas. Aquí al menos te puedes duchar, aunque ni las habitaciones son cómodas, ni tranquilas, a pesar de que sí hay cable.

En la frontera encuentras de todo. Hay muchos productos colombianos, y a veces el surtido mejora al de LA. En las tienditas, hay una constante: preside el Che, con su efigie inmortal y el alma cándida del revolucionario.

Cené guanta. Es un roedor gigante, tamaño cochinillo, pero con sabor a pollo. O a otra cosa, que uno no piensa imaginando al bicho. Sudada, le dicen, que es en estofado pero los vericuetos del lenguaje transforman por el conversor dialectal. Y es que aquí todo se llama de otro modo, y uno a veces está lost in translation en su propio idioma, pero que en realidad es otro con olor a patacones y jaguar.

AL día siguiente voy al curso. Hay hombres y mujeres de las comunidades. Vladimir, Rita, Luz, Isabel, Francisco, Adolfo, Walter,… Ellas cargan a sus bebés, que duermen sobre la estera en el suelo, y lloran, o se enfrascan en juegos verbales indescriptibles en medio de la lección. Parecen al tiempo interesados pero distantes, no participan, excepto alguno, que siempre toma la voz. Vienen de ocho comunidades del bajo Putumayo. Algunos han tardado más de seis horas en llegar.

El río es una frontera más ancha que una simple línea. Es un espacio indefinido, extenso, de muchos kilómetros a lo ancho y a lo largo, que se traga a la gente en un mundo que es de otro mundo al que vivimos. Incluso el que va allí no lo ve, somos simples espectadores de ficción, por mucho aire húmedo que aspiremos. Al tiempo, el río moldea personas amables, cercanas, que se ríen y disfrutan, que te cuentan su estar cotidiano que parece de otra escena. Pero es real, cada día es su día, mientras en paralelo yo hago cien cosas más que siempre traslado hacia un futuro. Ellos quizá han tenido que aprender para el presente, En todo ello, sin embargo, siempre hay creación, hay mito, hay rito, hay amor, hay vida, incluso entre tanta muerte que les rodea.

3 comentarios:

  1. SISTER QUE YA ME HAN LLAMADO DE AIR COMET...LO MAS SEGURO QUE EMPIECE A VOLAR EL 16 DE JUNIO ASI QUE A LO MEJOR NOS PODEMOS VER PRONTITO!!!!!
    YA TE IRE CONTANDO MAS SEGUN ME VAYAN CONFIRMANDO DATOS PERO VAMOS Q DENTRO DE POCO YA TE EMIPEZO A PAGAR TU COCHE,VOY A LLEVARTE JAMON Y A VERTE
    A LA ORDEN
    TE QUIERO!!!!

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  2. Jo, me alegro mucho de que la experiencia esté siendo genial, te veo contenta. Sé que Javi va para allá dentro de poo, espero que sigáis disfrutándolo. Y gracias por hacernos viajar un poquito que aquí todo el día estudiando se agradece, la verdad. BEsos
    Tatiana

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  3. Hola!!! Jo, sigo tu blog de muy tiempo en tiempo, pero realmente me apasiona lo que dices, es como trasladarse con la imaginación y una vez más reafirma mi idea de que el realismo mágico de Gª Márquez o Isabel Allende son realidad allí...

    Un besazo enoooorme.

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